Al ver lo terco que era, Rubí levantó el bastón de acero, preparada para seguir golpeándolo.El ladrón, finalmente asustado, suplicó rápidamente:—Por favor, ten piedad, no me mates. Te lo diré, te lo diré—Rubí respiró hondo y lo miró con frialdad.—Está bien. Habla. ¿Qué está pasando exactamente?—El sudor resbalaba por la cara del ladrón. Apenas podía respirar después de haber recibido dos golpes de Rubí.Apretó los dientes y dijo:—Si te digo... que tengo un ayudante, alguien que estuvo en contacto conmigo y me proporcionó tu información, pero no sé quién es esa persona, ¿me creerías?—Aunque no temía a la muerte, ¿quién podría soportar los golpes de un bastón?Rubí, pequeña pero fuerte, no había reservado energía para golpearlo. Dolía tanto que apenas podía respirar.—¿Todavía quieres mentir? —le preguntó Rubí arqueando las cejas.El ladrón negó con la cabeza rápidamente.—Ahora mismo, prefiero quedarme callado antes que mentir. De verdad no sé quién me contactó. Si no me crees,
Leer más