Su esposa era demasiado inteligente. Parecía que, en el futuro, ya no podría ocultarle esas cosas.
Las palabras de Marcus confirmaron por completo los pensamientos de Rubí. Su rostro se oscureció al instante. Sin pensarlo dos veces, abrió la puerta y miró a Marcus, que estaba parado afuera.
—No hace falta. Ya lo sé.
Marcus y Gavin quedaron paralizados. Marcus miró a Rubí, que estaba descalza, y una pizca de pánico cruzó sus ojos. Era como los videos en vivo donde atrapaban a un sinvergüenza eng