Las semanas que siguieron fueron diferentes.No más fáciles, exactamente. Pero diferentes de una manera que era más honesta, más expuesta, con menos capas entre lo que sentíamos y lo que decíamos. El expediente había quemado también algo de la distancia que ambos habíamos mantenido, no por decisión sino por el peso de lo no dicho, y sin ese peso lo que quedaba era más ligero y más real al mismo tiempo.Adrián dejó de cerrar el segundo cajón. No de manera ceremonial, no como gesto simbólico, sino simplemente porque ya no había razón para cerrarlo. Un día lo noté abierto al pasar por el despacho y no dije nada, pero lo noté.Yo empecé a ser más directa con lo que pensaba. No que antes no lo hubiera sido, sino que había ciertos terrenos, ciertas cosas sobre él o sobre lo que sentía, donde yo también había mantenido una distancia cautelosa. Quemarla deliberadamente requería práctica. La practicábamos.Una noche, tarde, cuando la ciudad estaba en ese silencio que tiene a las dos de la madr
Leer más