Se acabó, se acabó… En ese momento, todo había terminado.La señora García estaba justo junto a mí; de su cuerpo salía un aroma tan extraño, tenue pero inconfundible.Según lo que el señor Felipe había dicho, como el señor Pedro ya se había tomado esa copa de vino "problemática", cuando él sintiera el aroma peculiar de la señora García, entonces…Cuando imaginé la escena, sentí un escalofrío que me recorrió el cuerpo. Mientras yo estaba tan asustada que casi no podía respirar, el señor Pedro me devolvió la copa con una sonrisa y me dijo:—Listo, ya me lo bebí. Regresa y dile a Alma que yo, como su hermano mayor, no le voy a reprochar nada a mi hermanita. Que no piense de más.—Ah… sí, sí.Sin pensarlo, agarré la copa y me quedé mirándolo, aturdida. Luego, el señor Pedro tomó el resto del vino y se lo entregó al mayordomo que estaba junto a él; después sacó de su billetera un fajo de billetes y los dejó sobre mi bandeja antes de sonreírme:—Gracias por la molestia.Sorprendida, le cont
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