Pero en cuanto pensé en la trampa que le había tendido a Pedro, sentí mucho miedo. Ese hombre tan astuto a su hija sí la amaba en serio; pero a los demás "juniors", en cambio, los despedazaba sin pestañear. Esa doble moral, y esa forma de partirse en dos, daba miedo.La señorita Renata se aferraba al brazo del señor Felipe, muy coqueta, y no sabía qué les estaba diciendo a él y a la señora García, pero los hacía reírse con ganas; y viéndolo así, Renata parecía la típica consentida: a todos les caía bien, y todos la mimaban.Y entonces me acordé de la señorita Alma, encerrada en ese baño y fumándose la rabia en silencio… y sentí mucha rabia, porque todo ese brillo y esas caricias debieron ser de Alma, e incluso Ricardo debería haber sido el prometido de ella; y si hubiera sido así, Alma no habría caído tan profundo con ese hombre, ni habría vivido tan a la intemperie, tan cansada, y tan sola por dentro.Cuanto más lo pensaba, más me molestaba. El señor Felipe y la señorita Renata eran u
Ler mais