—¿Cómo que no?
Con una sonrisa, me acerqué y me enganché de su brazo.
—Piénselo bien. Con lo rudo que es Darío, ¿cree que me entusiasma atenderlo? ¿No es mejor rodearse de hombres guapos? Yo estoy contando los días para que usted tome el poder y yo pueda disfrutar la buena vida a su lado.
La señorita Alma era buena persona, pero lo que estaba en juego era la vida de Mateo, así que no podía revelar que el entrenador Darío era él. Ella, en cambio, me miró con algo parecido a compasión.
—Tienes raz