Ismael, al escuchar aquello, se emociona y de inmediato coloca las manos en el vientre de su esposa, quien sigue contando que la mamá y el bebé no pudieron dormir bien durante el mes en que él estuvo ausente. —Vamos, amor, nos quedaremos a descansar contigo y promete que no te separarás de nosotros nunca más —le dice, besándola con amor.—Lo prometo, amor, lo prometo, bebé —responde Ismael, no puede ser más feliz. Mira a su padre y le señala a su madre. Él asiente y los observa alejarse felices.Luego, se concentra en la mirada preocupada de su esposa, Aurora, que observa a su marido junto a Marcia y los nietos. Avanza hacia ellos, los niños la abrazan, pero se sueltan de inmediato al ver a su padre, Marlon, acercándose.—¡Niños, no corran así! —les llama la atención Marcia, que corre detrás de ellos.
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344. FELICIDAD COMPARTIDA
El inmenso yate de los Rhys entra en el puerto ante la admiración de todos. La familia al completo ha ido a darles la bienvenida. Observan cómo Camelia desciende, sujeta por Ariel y rodeada de guardias de seguridad que apenas permiten verla.—¿No crees que eres un exagerado, Camilo? —pregunta la señora Lirio, reconociendo a muchos hombres de su esposo en el cuidado de su hija—. Casi no la dejan respirar.—Mamá, mejor así, se va a acostumbrar como yo —dice Clavel, sonriendo al ver a su hermana. Luego los deja y se adelanta al encuentro de Camelia, quien, al verla, intenta correr hacia ella, pero el grito angustiado de su esposo la detiene.—¡No corras, Cami, recuerda al bebé! —se detiene, llevando una mano a su vientre plano, y espera a que su hermana, que es alcanzada por su hermano Gerardo, llegue. Los tres se abrazan emocionados ante las protestas de Ariel, qu
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