Tanto el CEO Volkov, como el asistente Dasha, estaban atentos al ecocardiograma. El doctor puso el gel azul en el vientre que todavía estaba plano, de Estefanía, y comenzó a buscar con un pequeño aparatito. Solo habían pasado tres minutos de verlo mover la pequeña vara de metal cuando por fin habló. Había sido casi agonizante esperarlo. — Si, aquí está, hay un bebé en el vientre de la paciente. Véanlo ustedes mismos. — Pidió el galeno. El semblante del magnate se oscureció, no hubo alegría, no hubo una sola expresión de felicidad, solamente había una ligera palidez, su cuerpo estaba rígido, y permanecía observando la pantalla. — ¿Lo ves? ¡Te lo dije, Lenin, si estoy embarazada! — La mujer estaba contenta, tenía una enorme sonrisa en su bello rostro. Una emoción desbordada la inviadia, era todo lo contrario a la reacción del empresario. — ¿De cuanto está, doctor? — Claro, ella está... De aproximadamente dos meses de gestación. Señorita, ¿No sabía usted que estaba embar
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