El rubio se dio la vuelta, encontrándose con Noa. Se había dado por vencido; pensó que no la encontraría, pero pasó lo contrario: ella lo encontró a él. La vio acercarse. Se veía diferente a como usualmente vestía cuando cuidaba de Luna. No había notado lo largo que era su cabello. Nuevamente, a él llegaron las palabras de su primo comparando a Noa con Azul. «Ya deja de pensar tonterías, Alexander», se reprochó, desechando la idea de su primo. —Señorita Noa, la estaba buscando —soltó, en cuanto la morena estuvo frente a él. Lo escuchaba, pero no lo creía. —¿Conmigo, señor Von Parker? —preguntó Noa, confusa—, pensé que ya no tenía nada que hablar conmigo. No entendía qué hacía su ex jefe ahí. Solo esperaba que no fuera para nada malo. Alexander asintió como respuesta a las preguntas de la morena. —Le debo una disculpa —musitó él, sosteniendo el balón de baloncesto. —No se preocupe, señor Alexander, yo entiendo. Además... —No, en serio le debo una disculpa —insistió—, solo actué d
Leer más