Visita No Grata 21.
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Su pecho bajaba y subía agitado, sus labios recorrían con maestría lo que pudiese de su cuello.
Gimió con fuerza tomando al causante de su placentero suplicio.
—Más. —Musitó tirando de los dorados cabellos del causante de su placer.
—¿Ah sí? —respondió el rubio en su oído erizando al instante su piel con el roce de su cálido aliento.
Ella solo asintio con desespero recibiendo gustosa las caricias.
Dió un segundo gemido, este más fuerte que el primero al sentir como unos ágiles dedos j