—Tú me involucras a la fuerza en todo este lío sobrenatural y ahora me sales con que no me vas a ayudar si algo me pasa en esa supuesta guerra. Eso es completamente estúpido —le reclamé indignada, sintiendo cómo el miedo y la rabia se mezclaban en mi pecho.—No, Elizabeth. Estúpido es que ya seas mía por derecho y tú todavía no quieras aceptar una relación formal conmigo —respondió Damián con una frialdad absoluta.—¿Qué?... —articulé, dándome la vuelta con los ojos muy abiertos.En un movimiento rápido, él abrió de par en par la ventana de mi habitación, que daba directamente al vacío desde el quinto piso. Al ver lo que planeaba hacer, el pánico me dominó y quise detenerlo estirando mis manos hacia su chaqueta. —¡Damián, no, detente!...Al asomarme apresurada por la ventana con el corazón en la garganta, vi con mis propios ojos que cayó perfectamente de pie sobre el suelo firme en el callejón de abajo. Sí, a veces olvido por completo lo que es realmente, la criatura mitológica y poder
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