Bruno salió a la calle con el corazón golpeando sus costillas. El sol de la tarde le cegaba un poco, pero logró divisar a Rocío caminando a pasos rápidos, casi huyendo. La alcanzó justo antes de que cruzara la esquina.— ¡Rocío, espera! — gritó Bruno mientras la tomaba suavemente del brazo para que se detuviera.— ¡Suéltame, Bruno! — dijo ella, zafándose con brusquedad. Sus ojos estaban rojos, pero su mirada era de puro fuego —. Ve a cuidar a tu "misión", ¿no es eso lo que haces?— ¡Ohm! ¡Por favor, escúchame! — suplicó él, poniéndose frente a ella para cortarle el paso —. No es lo que tú piensas. Lo de la clínica... es algo muy delicado que Aless está pasando. Ella no tiene a nadie más en quien confiar ahora mismo.— ¿Y por qué en ti? — preguntó Rocío, cruzándose de brazos y soltando una risa amarga —. Tienen un novio de hace siete años, una familia, amigos de toda la vida... ¿y te busca a ti, que apareciste de la nada hace unas semanas? No me mientas, Bruno. Vi cómo la abrazabas. Es
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