El Latido de una Nueva Oportunidad
El aire en la sala de espera de la clínica se sentía denso, cargado de ese olor a antiséptico que a Bruno le revolvía el estómago. Estaba sentado junto a Alessandra, quien no dejaba de jugar con los bordes de su chaqueta. Él sabía exactamente lo que ella sentía: ese miedo paralizante a lo desconocido. Pero esta vez, Bruno no era el origen de ese miedo; esta vez, él era el refugio.
—¿Bruno? —susurró ella sin levantar la vista.
—¿Ohm? Dime, Aless.
—Gracias por e