Con el paso de los días, Bruno había logrado construir un equilibrio extraño en aquel nuevo mundo. Se sentía dividido: por un lado, su instinto de protección lo mantenía atado a Alessandra; por el otro, su conexión con Rocío crecía de una forma que lo asustaba. Una noche, el silencio de su habitación se volvió insoportable y los pensamientos empezaron a asediarlo.
—Alessandra, mi Aless... —suspiró, mirando al techo—. Te echo tanto de menos. Aunque esta otra se parezca a ti, tú eras única.
Sin em