Al hacerlo un gran chorro salió disparado, cayendo en ella y dejándola empapada. Eso no le molestaría usualmente, pero traía puesta su faja especial que la ayudaba con el dolor, misma que era muy cara y que no podía mojar; así que dio un par de pasos atrás contrariada.—¡Demonios! —exclamo molesta.—Descuida, hay ropa seca en la habitación que podrías usar —le dijo Oliver, encontrando un tanto ilógica su actitud; pero buscando ayudarla.—Se lo agradezco, pero no puedo dejarle solo —le recordó y es que antes que nada estaban sus obligaciones.—Claro que puedes. Yo descansaré un rato en el agua —aseguró, deseando poder relajarse un momento.—¿Seguro? —trato de constatar, mostrándose un tanto reticente al respecto.—Por supuesto, anda ve —le instó muy tranquilo.Emma entonces se alejó hacia la habitación, donde encontró no más que ropa de hombre, de él probablemente; así que tomo una de sus camisas y se dirigió a la lavandería. Hay puso a lavar y secar su ropa, incluso su sostén; mientras
Leer más