Narrado por Mía StillerEl dolor se había transformado en mi única y persistente compañía. Sentía una punzada insoportable y rítmica taladrándome la cabeza, acompañada de una sed abrasadora que me quemaba la garganta por completo. Intenté abrir los ojos en mitad de la penumbra, pero mis párpados pesaban demasiado; estaban sellados por la debilidad y el trauma. Escuchaba el mundo exterior de forma lejana, distorsionada, como si me encontrara atrapada a muchos metros bajo el agua.—Está perdiendo demasiada sangre... —fue la última frase que alcancé a distinguir en el aire antes de hundirme de nuevo en la inconsciencia.Todo se volvió oscuridad absoluta. Luego, de manera paulatina, comencé a escuchar un suave, rítmico y metálico clic, clic, clic resonando en mi mente. Intenté caminar en mitad de la nada, extendiendo las manos para tantear el espacio. Lentamente, una luz cálida comenzó a filtrarse en la escena. De pronto, pude verme a mí misma desde fuera, de espaldas, sentada bajo la somb
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