Caminábamos hacia casa, después de dejar su auto en el garaje, subiendo por las escaleritas que daban al balcón, sin pasar por la puerta de entrada, con él a mi lado, agarrándome la mano. Era feliz, más después de que mi madre me abriese los ojos. Iba a centrarme en sentir, en dejar de pensar, dejando fuera los miedos e inseguridades, centrándome sólo en nosotros.
- ¿Estás bien? –