Epílogo.
No todo era malo en aquella separación. Volvía a tener mi estudio, así me lo aseguró mi nuevo casero, su padre, después de haber conseguido lo que quería, tras asegurarme más de cinco veces seguidas, en la misma frase, que su hijo no me quería.
Sólo se había encaprichado de mí – esas fueron sus palabras – Un encaprichamiento pasajero.
No dej&eacu