Capítulo 9 - Riesgos

Dante...

Mirar su sonrisa cuando supo que estaríamos en el mismo escuadro hizo que todos esos sentimientos revolotearan en mi corazón. Estoy jodidamente enamorado de ella, no puedo evitarlo y ya no quiero hacerlo. Anoche pensé en muchas cosas, los pros y los contras de toda esta situación. Aunque hay muchos mas contras que beneficios, pero eso los quería resolver con ella.

Primero; somos familia esta claro que de principio sentir esto esta mal, aunque hemos crecido juntos se supone que solo debe de haber afecto familiar en vez de jodida excitación.

Segundo; si alguien nos descubre, puesto que la mayoría sabe que somos tío y sobrina, sería el fin para ambos. Ella seria despreciada de la peor manera, degradada y expulsada del ejercito y yo, de igual manera, pero creo que mi padre tendría un castigo mucho más cruel para mí, como mandarme a Irak o alguno de esos lugares.

Tercero; encontrar esos momentos para disfrutar era cada vez mas complicado. El entrenamiento dura ocho semanas y de ahí es posible que quedemos en el mismo escuadro o tengamos misiones diferentes.

Y bueno... solo rezar por que nadie de nuestra familia nos descubra. Afortunadamente solo nosotros dos quisimos ser parte de la Fuerza Aérea, mis dos sobrinos Gerald y Harry, decidieron unirse a la Naval y mi sobrino el más pequeño, Albert, es médico militar, con sede en el otro lado del mundo pues esta con la Unicef en sus campañas en África. Es problema resuelto con ellos, ahora mi papa y mi hermano... ellos constantemente tienen que visitar la base de la Fuerza Aérea, si él y yo estamos en sintonía difícilmente nos podrán descubrir.

¡Bingo, Dante! Eres un puto genio...

«Si los descubren todos sus sueños se irán por el drenaje, lo que estás haciendo está mal. Piensa mejor las cosas...» recrimino mi mente.

Quizás tenia razón, pero mi emoción era tan grande que no me importaba nada, ni siquiera las consecuencias que aquello tendría. Si el infierno se desataba con gusto yo peleaba contra el por ella. Grecia siempre fue mi vida entera, desde niños siempre fue mi compañera de juegos y, esperaba que el futuro nos diera luz verde para que se diera algo más... tengo que enamorarla, eso es seguro.

Durante los entrenamientos mire que se levantó y pidió permiso para ir al sanitario. Como buen soldado solicite permiso para revisar el material que nos haría falta en las practicas pues la próxima semana estaríamos siendo asignados a los aviones que manejaríamos.

Como todos conocían quienes eran los Bowman, no me denegaron la petición. Sabían que siempre daba el quinientos porciento en los entrenamientos, así que, no hay problema de nada. Ventajas de tener un padre General y ser tío de esa belleza que camina con toda la firmeza del mundo.

Sigilosamente camine hasta los sanitarios y al percatarme que solo era ella la arrincone por detrás y bese su cuello.

— ¡Mierda Dante! Me asustas... — musito ansiosa.

— No me digas que no me extrañaste — exprese sonriente.

— Si alguien te ve, esto será ma... — restregué mi dura erección contra su redondo trasero. — Dante... — musito excitada cuando pase mi mano por su entrepierna.

— No digas nada y solo disfruta — la tome de la mano y la lleve hasta el ultimo de los sanitarios, cerré la puerta y la arrincone contra la puerta de espaldas a mí. Baje su pantalón rozando su piel erizada, sus bragas la hacían ver exquisita, pase mis dedos por su húmeda vagina la cual ya estaba lista para recibirme.

— Aaah, Tío... — musito, esa palabra me calaba en lo más profundo de mi ser.

— Di mi nombre nena — baje mi cremallera y frote mi duro pene contra su trasero bien formado.

— Dante... hazme tuya ya... — tomé sus caderas y de un tirón la embestí. Se incluido más dándome una mejor postura para penetrarla más profundo.

La escuchaba jadear mi nombre, eso me volvía jodidamente loco. Me aferre a su trasero apoyando con una mano su espalda. De mi garganta solo salían gruñidos de excitación. Estar en este lugar me encendía aún más puesto que podíamos ser descubiertos, pero eso no importaba ahora.

— Así, si... mas duro. — suplico.

— ¿Quieres mas duro nena? Valla que eres una pervertida... — palmee su trasero sin dejar de penetrarla don rudeza. Sus paredes vaginales me envolvían con fuerza, sus jugos se mezclaban con los míos lubricando cada embestida que le daba.

— Si, vamos... dame más... Aaah... — sonreí como idiota, ella me deseaba, su cuerpo respondía a mis caricias. Mi sobrina me volvía loco, la única mujer que yo deseaba ahora era la hija de mi hermano... que ironía.

— Te daré hasta que no puedas si quiera pararte — sonrió con picardía y comenzó a jadear callando sus gemidos con su mano. La penetre con mas fuerza acariciando con mis dedos su delicioso monte. Sentí como su cuerpo vibro excitada y en ese preciso momento su interior se contrajo aprontando mi pene con fuerza, esa fue una de las sensaciones más maravillosas de todas.

Gruñí con fuerza al sentir que mi pene explotaría, pero decidí aguantar un poco más hasta que ella se corriera, a los segundos estallo en un potente orgasmo, saque mi pene y en un microsegundo explote derramando todo mi semen es su vagina.

Nuestras respiraciones eran irregulares, había sido una experiencia demasiado excitante. Tardamos unos minutos en recuperarnos, tome papel y se lo pase para que se limpiara, hice lo mismo y con cautela ambos salimos al percatarnos que no había nadie ahí... eso fue un alivio.

— Tu y yo tenemos que hablar, no todo puede seguir así. Espero que sepas lo mucho que estoy arriesgando y no quiero perder mis sueños por esto — expreso determinada, a veces Grecia podía ser una dulzura, pero cuando decidía hablar lo hacía con firmeza y frialdad.

— Lo sé, te veo en el comedor esta noche — asintió, se cómodo su cabello y regreso a la zona de entrenamiento.

Sabia que sus principios era algo que la detendría, sus metas y deseos siempre serian más poderosos que yo, pero, si ella estaba dispuesta a darme un espacio en su corazón y su tiempo, yo haría cualquier cosa. Buscaría la forma de verla sin que nadie nos descubriera, jamás pondría mis deseos sobre los de ella, aunque es implicara alejarme.

Un verdadero hombre sabe cuando debe parar las cosas, sabe cuando decir si y cuando no. Si me he abalanzado sobre ella estas veces es por que no me ha dicho nunca un No, pero si llegara a pasar, jamás la obligaría a nada y aun yo si viera que el peligro es demasiado, tendría el valor de alejarme, por que eso hace un verdadero hombre.

Camine de regreso a mi lugar, termine de preparar los materiales y camine al área de entrenamiento para avisar que todo estaba listo.

— coronel, los materiales e informes están listos como me lo asigno — exprese a mi líder.

— Bien Bowman, debo decirte que tu y tu sobrina estarán en el escuadrón de búsqueda y rescate, así como de caza. — expreso con orgullo — tu padre me pidió que los pusiera a prueba puesto que hemos visto la determinación de ambos, debo decir que tu sobrina tiene talento, mire como lograba esas maniobras en las practicas universitarias — el coronel era un hombre muy respetado por nuestra familia y escucharlo hablar así de Grecia me daba orgullo y miedo a la vez... si alguien nos descubre, ella es la que perderá más que yo.

— Lo sé, ella es magnifica por algo es mi sobrina... — y la mujer que amo, dije en mis adentros.

— Bien, entonces no los entretengo más. Daré la orden para que vallan a descansar, por cierto, en dos semanas iremos a practica en campo así que... dile a tu sobrina que se preparen muy bien... será difícil.

— ¡Si señor, daremos lo mejor de nosotros! — di el saludo y el respondió.

— Bien soldado, a cenar... — dio la orden y todos nos retiramos. Era ahora o nunca el momento de hablar con ella, justo la cena era la excusa perfecta para escucharla. Si ella me daba sus términos, yo deseoso de cumplirlos.

Tome mi comida y mire como ella estaba sentada con dos chicas rubias que por cierto eran sumamente hermosas. Camine directamente a ellas encontrándome con Ian y otro chico que lo acompañaba.

— ¡Hey bro!, ¿A dónde vas? — preguntó con su charola en la mano, parece que esa platica se tendrá que posponer.

— Mi sobrina — me gustaría decirle de otra manera, pero no es posible — esta allá y supongo que podemos conocer a las chicas... — sonrió alegremente al mirar a una de ellas.

— La jodida lotería, hey — señala al chico de al lado — este es Charlie, estará conmigo en el escuadrón negro — me sorprendí al escucharlos, ese es uno de los equipos mas distinguidos de la Fuerza Aérea, me da gusto que este ahí.

— Mucho gusto Dante — se presentó.

— El gusto es mío — estrechamos las manos con fuerza. — bien, vallamos con las chicas. — los dos asintieron y caminamos hasta la mesa donde Grecia charlaba con alegría.

— ¡Dante! — grito ella al verme caminar, su alegría me recuerda a todos esos momentos que vivíamos antes de que todo esto empezara.

— ¿Podemos sentarnos? — pregunte al acercarme a ella.

— ¡Si claro! — respondió una alegre rubia bastante simpática — ¡Hola, mucho gusto soy Britney! — me extendió la mano y la tome, esa chica era simpática y sin temores, me cayó bien.

— Mucho gusto Britney, soy Dante — Grecia comenzó a reírse de como esa chica me miraba, al principio pensé otra cosa, pero di cuenta que así saludaba ella, a su lado estaba otra chica rubia la cual, era seria y fría. La reina del hielo, creo yo.

— Angela Green — se presentó sin más.

— No habla mucho — susurro Grecia en mi oído.

— ¡Oh valla! me había espantado — rio conmigo y comenzamos a platicar entre todos. La verdad la charla fue bastante amena, me divertí mucho y sobre todo Ian no perdió el tiempo pues ya tenía a Britney embobada con él.

— ¿Hablamos? — pregunto Grecia, la miré y asentí.

— Si, tenemos que — ambos nos levantamos y tomamos nuestras charlas.

— Tenemos una llamada familiar así que, las veo mas tarde — se excusó Grecia.

— Oh, si que es tu tío... que padre tener a tu mejor amigo junto a ti — dijo Britney con dulzura, si supiera.

— Si, la verdad es genial. Pero bueno nos vemos — nos despedimos de todos y los dos caminamos a la salida. La noche ya había caído y el cielo estaba oscuro. Decidimos parar en una de las bancas cerca del pequeño bosque que había. Al principio todo fue silencio, pero después ambos hablamos al mismo tiempo.

— Dante.

— Grecia... — soltamos una carcajada — tu primero.

— Se que debemos poner alto a lo que estamos haciendo los dos — comencé.

— Si, por donde lo veamos esta mal — expreso ella con algo de inquietud y tristeza — pero no negare que me gusta como me tocas... — su expresión fue sincera, no me lo esperaba para nada realmente.

— Grecia nena — exprese emocionado, pero ella me interrumpió.

— No me malentiendas, me gusta el sexo, pero no pienso ir más allá — me quede atónito... ¿A qué se refería exactamente?

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