Querido jefe, ¡los gemelos no son tuyos!
—Quiero escucharlo de ti. Quiero verte mirarme a los ojos y decir que no son míos… sin desviar la mirada ni una sola vez.
Tragué saliva, porque ese juego era cruel. Sabía que cualquier mínima vacilación en mi expresión sería combustible para sus sospechas.
Levanté la barbilla, enfrenté sus ojos sin desviar la mirada y hablé pausadamente:
—Ellos. No. Son. Tuyos.
El músculo de la mandíbula de Damian se contrajo, y su respiración rozó mi rostro, caliente, constante.
—Has mejorado en eso, Harper… —murmuró, usando mi apellido como una provocación—. Pero no eres tan buena.
—O tal vez solo estás escuchando lo que quieres —repliqué, tratando de ignorar la proximidad sofocante—. No te gusta perder, pero a veces, perder es inevitable. Acéptalo y desaparece de mi vida.
Stella estaba desesperada. Después de abandonar la universidad para pagar las deudas que dejó su padre, todo lo que ella quería era empezar de nuevo, aunque para eso tuviera que falsificar un currículum y tragarse el orgullo para conseguir un empleo como secretaria del implacable CEO Damian Winter.
Lo que no esperaba era que su nuevo jefe fuera tan atractivo como peligroso... y que una serie de provocaciones y encuentros intensos terminaría llevando a un contrato indecente. Un acuerdo secreto, regido por el poder y el deseo, en el cual Stella se comprometía a satisfacer los deseos de Damian, con la única condición de nunca quedar embarazada.
Pero ¿qué pasa cuando Stella descubre que rompió ese acuerdo? Ahora, embarazada y con el corazón destrozado, Stella descubre en la TV que Damian está comprometido con una heredera rica.
Ocultar esa verdad parece la única opción.
Pero los secretos no permanecen enterrados para siempre.