El aire en el edificio de Industrias Miller se sentía pesado, cargado con el polvo de los archivos viejos y el aroma a café recalentado que siempre definía las jornadas de crisis. Elena cruzó el vestíbulo con una determinación que ocultaba el ligero temblor de sus manos. Llevaba un traje sastre de color azul profundo, el color de los Valerius, como una armadura visual para el enfrentamiento que sabía inevitable. Había ido sola, tal como le prometió a Alexander, convencida de que cerrar las audi