La mudanza a la nueva residencia en las colinas no fue un proceso logístico, sino una purga emocional. Durante los primeros días, Elena se sumergió en la decoración de los espacios con una energía que no sabía que poseía. No quería decoradores de renombre que impusieran un estilo frío y de catálogo; quería que cada rincón de esa casa contara la historia de su nueva libertad. Alexander, lejos de imponer su criterio, se limitaba a observar con una sonrisa de orgullo, dándole carta blanca para que