El reloj de pared del salón principal marcó las doce del mediodía con una solemnidad que pareció retumbar en cada rincón de la mansión. Alexander Sterling estaba apoyado contra la pared del pasillo, justo fuera de la suite matrimonial, con la corbata deshecha y la camisa que antes lucía impecable ahora arrugada y manchada por el sudor del pánico. Dentro, el murmullo de las voces era apenas un zumbido distante para él; la Dra. Batelly estaba realizando una evaluación de emergencia mientras el eq