París tiene la capacidad de suspender el tiempo, y para Alexander y Elena, esa semana fue un paréntesis necesario entre el caos del pasado y la incertidumbre del futuro. Se instalaron en una suite con vistas al Pont Neuf, un lugar donde el lujo no era una imposición de sus apellidos, sino un refugio para su reconciliación. Durante siete días, se dedicaron a reconocerse, a caminar por las avenidas arboladas y a cenar en rincones donde el nombre "Valerius" no significaba nada más que una reserva