París bajo la lluvia nocturna era un lienzo de luces difusas y sombras alargadas. Tras aquel desayuno cargado de recuerdos, Sebastián no se había apartado de Elena. Habían caminado por el Marais, habían compartido una botella de vino en un rincón escondido cerca de la Place des Vosges y, poco a poco, las defensas de Elena habían ido cediendo. No era que hubiera olvidado el pacto de Alexander o la traición de Sebastián años atrás; era que el vacío que sentía en el pecho era tan inmenso que cualq