CAPÍTULO 88.
Kael despertó poco después, al sentir el hueco tibio que Lina había dejado en la cama. La vio de pie, envuelta en un camisón ligero, el cabello desordenado y la piel aún encendida por la noche que habían compartido. Sonrió.
—¿Y a dónde vas tú, tan hermosa? —murmuró, con la voz rasposa del sueño.
Lina se volvió hacia él con una sonrisa pícara.
—Pensaba buscar algo de comida antes de que vuelvas a atraparme entre tus garras.
Kael se incorporó y, en un segundo, la alcanzó. La abrazó por la cintura