El despacho del patriarca era silencioso.
Pesado.
El tipo de silencio que no calmaba, presionaba.
Las paredes de madera oscura absorbían cualquier sonido, y los retratos de los antepasados parecían observar todo desde sus lugares fijos, inmutables, como si el tiempo allí dentro se hubiera detenido hacía décadas.
Rafael estaba de pie, ligeramente alejado de la mesa, mientras su abuelo permanecía sentado detrás de ella —las manos apoyadas sobre la madera oscura, los ojos atentos, calculadores, ev