La habitación estaba en silencio, sofocante.
Las bandejas sobre la mesa permanecían prácticamente intactas, la comida fría, olvidada como si el tiempo se hubiera detenido allí dentro. Lorena estaba sentada al borde de la cama, los codos apoyados en las piernas, los dedos presionando las sienes mientras el dolor de cabeza latía, insistente.
No había dormido. No de verdad. Tal vez algunos minutos fragmentados e inquietos, siempre interrumpidos por la misma sensación: sus manos, la fuerza, la falt