El bar estaba ruidoso.
Risas altas. Vasos tintineando. Mesa de billar ocupada. Música suficiente para que las conversaciones privadas pasaran desapercibidas.
Dante entró como si el ambiente fuera una extensión de él.
Uno de los amigos levantó la cabeza.
—¿Qué tal? ¿Cómo fue el show?
Otro frunció el ceño.
—¿Qué show? No hay nada importante en la ciudad hoy.
Dante se quitó el chaqué con calma, apoyándolo en la silla.
—Sí que lo había —respondió, cogiendo un vaso—. Solo que era exclusivo.
—¿Exclus