Al otro lado de la ciudad, el móvil de Dante vibrió sobre la mesa.
Todavía estaba en la oficina, aunque el reloj ya marcaba el final de la tarde. La luz anaranjada del atardecer se filtraba por los ventanales de cristal del edificio y se extendía por el suelo de madera oscura.
Dante cogió el teléfono.
Era el mensaje que estaba esperando.
Un informe breve.
Directo.
Lo leyó en silencio.
Lorena había vuelto al hotel.
Descubrió que el dinero había desaparecido.
Reclamó en recepción.
No consiguió ni