—Tal vez… sea mejor detenerse.
La voz de Lorena salió baja, cargada de miedo —no solo por lo que estaba sucediendo, sino por lo que aún podía suceder.
Dante no apartó los ojos de la carretera.
—No necesitamos detenernos, todo va a estar bien —dijo, simple, firme, incuestionable—. Ya estaba preparado para esto.
Lorena giró el rostro hacia él, aún tensa.
—¿Preparado?
—Para todo lo que implicara que salieras de allí —corrigió, sin dudar.
El silencio que siguió fue breve, pero cargado. Detrás de el