Capitulo 38

“¡Te quiero!”.

Esa breve y profunda frase resonó de nuevo. Aunque sus palabras eran suaves, consigo llevaba una fuerte autoridad y dominación, golpeando directamente a su corazón.

El corazón de Isabela dio un fuerte latido. Retiró su mano y se sentó derecha.

Mirando la creciente lluvia de fuera de la ventana del auto, le tomó mucho esfuerzo volver a un ritmo normal.

El interior del auto estaba incompleto silencio, con la lluvia fuera, juntándose y fluyendo por la ventana, como una cortina de ag
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