“¡Te quiero!”.
Esa breve y profunda frase resonó de nuevo. Aunque sus palabras eran suaves, consigo llevaba una fuerte autoridad y dominación, golpeando directamente a su corazón.
El corazón de Isabela dio un fuerte latido. Retiró su mano y se sentó derecha.
Mirando la creciente lluvia de fuera de la ventana del auto, le tomó mucho esfuerzo volver a un ritmo normal.
El interior del auto estaba incompleto silencio, con la lluvia fuera, juntándose y fluyendo por la ventana, como una cortina de ag