La noche todavía cubría el horizonte cuando el equipo emprendió el regreso. El viento frío acariciaba sus rostros marcados por el cansancio y la pólvora, mientras las botas resonaban sobre el suelo húmedo, como un eco persistente de la batalla que habían librado horas atrás.
Isabella caminaba al frente, con la mirada fija en el sendero que se abría entre la neblina. Sus pensamientos iban y venían, atrapados entre la satisfacción del deber cumplido y el peso de lo que habían dejado atrás. Cada