La cena en la mansión Fernández seguía su curso con armonía. Entre las velas titilantes, las risas suaves y los murmullos entre copas, se respiraba una paz largamente esperada. Luna, sentada entre Vanessa y Karina, había empezado a sonreír con más naturalidad. Su vestido verde esmeralda contrastaba con su piel pálida y su cabello recogido dejaba ver un pequeño pendiente en forma de luna que le había regalado Isabela semanas atrás.
—¿Te estás sintiendo mejor? —le susurró Isabela, acercándose