Diego sintió que se le dificultaba respirar y que el corazón se le encogía. Había descubierto otra verdad devastadora, tan impactante que le parecía inverosímil.
—¿Cómo pudiste confundirme? ¡Nunca lo habías hecho! ¡Incluso con una sombra sabrías que era yo! Sofía, ¿cuándo me olvidaste que ya ni me reconoces? ¿Cómo puedes confundirme con Alejandro? ¿Todavía piensas en él?
Las últimas palabras fueron casi un grito, pronunciadas en un estado cercano a la histeria.
Sofía observó cómo sus emociones s