Frente a personas crueles, calculadoras y despiadadas, Sofía siempre había tenido sus propios mecanismos para resistir o protegerse; rara vez se rendía o bajaba la cabeza.
Pero ante la verdadera ternura no tenía defensa alguna.
Cuando escuchó las palabras de Alejandro, el dolor le atravesó el corazón hasta el límite. Sofía se puso a llorar sin control y apretó con más fuerza su mano.
—No es que ya no te quiera... ¿cómo no iba a quererte? Es que me duele demasiado verte así. Estar conmigo signifi