Desde el teléfono se escuchó la voz cansada de Diego:
—No hace falta. Estoy fuera del país y por ahora no puedo regresar.
—¿Cuándo te fuiste? ¿Por qué no me dijiste nada?
—Hace poco.
Isabella sabía que su hermano siempre había sido impredecible, pero también era el pilar de la familia. No había nada que Diego no pudiera resolver; pasara lo que pasara, él siempre la iba a respaldar. Mientras él estuviera ahí, Isabella no le tendría miedo a nada.
Por eso nunca se preocupaba por los asuntos de Dieg