Sofía le agarró fuerte el cabello y se lo revolvió hasta dejárselo totalmente desordenado. Después de desayunar, se sentía floja de pies a cabeza. No sabía si era porque de verdad había pasado por eso, pero desde que vivía bajo el mismo techo que Alejandro, bastaba con que se miraran para que el calor le subiera por todo el cuerpo y reaccionara solo.
Sofía no supo qué decir por un momento.
Apretó las piernas en silencio y miró a Alejandro, que se acercaba con dos tazas de café.
Él soltó las taza