Alejandro respondió al monólogo siniestro de Ignacio con un silencio total.
Ignacio suspiró de manera teatral, fingiendo aburrimiento.
—Siempre fuiste más entretenido de niño. Daba igual lo que te hiciera, ni una palabra salía de tu boca. ¿Recuerdas cuando tu madre se enteró? Casi te mueres de hambre encerrado. —Se echó a reír—. Qué cobarde eras entonces, Alejandro. Mírate ahora, tan cambiado... jamás imaginé que llegarías a convertirte en esto. Al principio pensé que serías un inútil toda tu vi