—Ja, ja, ja. Me equivoqué entonces. Tú eres la más fácil de engañar. Necesitas a alguien que te proteja a todas horas —dijo Priya—. Vamos a tu casa grande a descansar. De todas formas, no me voy —añadió, obstinada.
***
Después de que Carlos y Rodrigo se marcharan, Clarissa se quedó un rato más.
Principalmente para conocer mejor a Alejandro; intercambiaron unas palabras.
En efecto, Alejandro era serio, pero no arrogante; la trataba con una cortesía tranquila, tan atenta que hasta sorprendía.
Clar