Sofía la miró y quedó aturdida por un instante.
En los ojos de Clarissa había mucha pena.
A Sofía se le apretó el corazón; intentó mantenerse al margen, pero no podía ignorar el dolor que le causaba esa mirada.
Guardó silencio dos segundos y luego habló:
—Clarissa, no te preocupes por mí. Estoy bien. Yo también me enteré hace poco. Creo que mientras antes lo sepa, mejor. Es preferible a vivir engañada sin entender nada.
A Clarissa le dolió más. Claramente la que necesitaba consuelo era Sofía,