Alejandro escuchó que Sofía, dormida, murmuraba el nombre de Diego.
¿Soñaba con él también?
¿Alguna vez había soñado con él?
En los ojos de Sofía aún quedaba un rastro de miedo. Cuando reconoció a Alejandro, la sensación de ahogo del sueño empezó a desvanecerse.
Parpadeó y preguntó con voz adormilada:
—¿Qué hora es… mm…?
Alejandro se inclinó hacia ella y la besó antes de que pudiera terminar.
Durante unos segundos la mantuvo así, en silencio, y cuando se separó, no se alejó del todo; seguía mi