Manuela sonrió, sin alegría.
—Ya que tu novio está aquí, ¿por qué no me lo presentas?
—Solo estamos saliendo —respondió Sofía, serena—. No es un compromiso formal, no quiero ponerle presión con algo como "conocer a la familia".
Manuela no insistió, pero su sonrisa se desvaneció. Las palabras de Sofía, aunque sonaban educadas, no le dejaban ningún espacio para opinar. Y lo peor era que no tenía un argumento válido para hacerla cambiar de idea.
Sebastián, que observaba todo, se mordió la lengua. P