Gabriel se quedó callado.
Sofía lo estaba poniendo a prueba.
Gabriel se puso tan tenso que tuvo que apoyarse en la mesa con una mano. Se molestó y abrió la boca, sin darse cuenta.
—Sofía... —dijo, con un tono que no era el de siempre. Su respiración se puso más pesada.
Las palabras que quería decir se le quedaron atoradas en la garganta. Por fin, solo logró decir en voz baja:
—Solo tengo curiosidad, Sofía. Sé cuánto amabas a Diego, y me cuesta entender cómo pudiste estar con Alejandro tan poco t