Todavía no había amanecido, y Gabriel pensó que Sofía no respondería de madrugada a su mensaje… o quizá ni siquiera se tomaría la molestia de responder.
Mientras se estaba comiendo el desayuno y observaba el jardín a través del ventanal, con el sol naciente tiñendo de dorado las flores. Pero de pronto, su celular vibró: era quizás la llamada que estaba esperando.
El nombre en la pantalla lo hizo casi derramar el café. Su corazón se aceleró, y tuvo que dejar la taza sobre la mesa para serenarse