Sofía sabía que él hablaba en serio.
—Está bien, te perdono. Pero no va a haber próxima vez.
Alejandro, con picardía, respondió:
—Mmm... entonces la próxima te despierto antes de besarte.
—Señor Montoya, no sabía que eres tan descarado. Antes no parecías así.
Él la miró mientras sonreía.
—¿Y por qué no reaccionaste esa vez?
—¿Quién dijo que no lo hice? —respondió ella—. Me besaste y luego te fuiste. Me quedé con los ojos abiertos mucho rato sin poder dormir. Al día siguiente no sabía ni cómo mir