Alejandro era conocido por su serenidad imperturbable. Siempre serio, de pocas palabras, con una elegancia distante que imponía respeto. Jamás se le vio perder el control.
Pero en ese momento le costaba respirar.
Corrió.
Ni siquiera esperó a sus guardaespaldas.
Solo quería encontrar a Sofía.
Ella lo vio aparecer frente a la puerta y por un momento quedó muda.
Abrió la boca, pero ningún sonido salió.
Alejandro se detuvo en seco. La vio: la cara pálida, las manos temblorosas, la rodilla ensangrent