Sebastián no entendía qué gracia tenía enamorarse. Para él todo eso era una pérdida de tiempo. Las mujeres solo estorbaban su verdadera pasión: los videojuegos. Nunca le pasó por la cabeza meterse con alguien.
En cambio, Sofía tropezaba una y otra vez con hombres, siempre iguales. Sebastián ya lo había entendido: su hermana tenía una debilidad por el estilo de Diego y Alejandro, hombres intensos y con carácter. Esos muchachos más jóvenes, atentos y complacientes, simplemente no le llamaban la at