—Primero que nada —dijo Sebastián, molesto—, nuestra familia no está a su nivel económico. Y segundo, cuando fuiste su secretaria, yo veía que lo complacías a cada rato.
Sebastián siempre había sido rebelde. No sabía cómo ser atento con la gente, y tampoco quería. Ni siquiera con Manuela hizo excepciones; si alguien no le agradaba, lo ignoraba.
Por eso lo que más lo enojaba era ver a su hermana rebajarse ante un hombre que ni siquiera era de la familia. Solo de pensarlo se le disparaba la presió