—El divorcio es cosa de dos —dijo Sofía, tranquila—. Ese mismo día avisé a mi familia y a mis amigos. A ustedes, el que tenía que avisarles era Diego, pero lo escondió. Este mes no solo calló, también me estuvo buscando y acosando sin parar.
Hizo una pausa corta, antes de volver a hablar alto y claro:
—Para que no haya dudas, voy a dejarlo muy claro delante de todos: desde hace tiempo Diego y yo ya no somos nada. Tampoco voy a arrepentirme ni pienso reconciliarme con él.
Cada palabra era como un